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Miércoles negro para las migraciones y los Derechos Humanos.

Ayer, miércoles 11 de febrero de 2015, fue un día sombrío para el mundo de las migraciones (nacionales e internacionales). Un día desgraciado de esos que se marcan en el calendario y que se suelen recordar año tras año, como ocurriera el pasado 6 de febrero con la muerte de 15 inmigrantes en las costas del Tarajal.

En estos días negros, la única reflexión posible es la más palmaria y evidente: el ser humano no aprende. Que verdad es esa que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y en este mundo de las migraciones, por partida doble (y no me refiero solo a las piedras, sino también a los animales).

Nueva tragedia en Lampedusa.

Miércoles, 11 de febrero de 2015: Se cifran en más de 300 desaparecidos en el nuevo naufragio de inmigrantes con destino a la isla de Lampedusa, según fuentes de ACNUR.

Todavía está vivo el eco de esa vergogna pronunciada por el Papa Francisco en una tragedia similiar y en las mismas aguas el 3 de octubre de 2013, pero parecer ser que estas palabras, yacen muertas y silenciosas en las conciencias de nuestros responsables políticos. ¿Dónde estás los cambios en las políticas migratorias desde entonces? ¿Dónde quedan los propósitos por cooperar en el desarrollo de los países de origen de las migraciones? ¿Hasta cuándo seguirán repitiéndose estas escenas de muerte, indignidad y vergüenza?   

Eco y silencio asesino de la vergogna. No cabe otra conclusión posible si después de lo ocurrido en su día los remedios buscados han sido nulos y la desgraciada historia se vuelve a repetir.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

El Senado da luz verde a las devoluciones en caliente.

Miércoles, 11 de febrero de 2015: A pesar de un escueto y sencillo lavado de cara en el Senado, la inclusión de las ilegales devoluciones en caliente en la Ley de Extranjería por la puerta de atrás siguen con velocidad de crucero, a pesar del rechazo absoluto de defensores de los Derechos Humanos de los inmigrantes.

A pesar de dicha oposición y de la flagrante vulneración de Derecho que supone este tipo de devoluciones ilegales, el Ministro del Interior se afana en su defensa a ultranza de una práctica que coarta claramente Derechos Fundamentales y Derechos Humanos con afirmaciones tan soeces y cínicas como que “quedará muy claro que los que intenten entrar ilegalmente a España, a la UE y al espacio Schengen a través de los perímetros fronterizos de Ceuta y Melilla no son personas que en principio tengan derecho a esa petición de asilo”; o esta otra que dice que “España es un país que tiene acreditada su actuación en defensa de los Derechos Humanos, de la dignidad de las personas y tampoco tenemos que recibir lecciones de nadie.

Después de este tipo de afirmaciones, esto sí que queda muy claro, tenemos un Ministro del Interior deshonroso en el ejercicio de ese cargo público, que ignora la verdad, desprecia a las víctimas y desconoce el Derecho que le rodea y la da tirones en esas orejas de burro que lucen en el capirote perenne que se le ponen a los niños que no se portan bien.

Y a pesar de ello, la historia se repite.

El hombre es el único animal que tropieza dos (en este caso, tres, cuatro, cinco,…) veces en la misma piedra.

Muertes en el Tarajal: el único rayo de luz.

Miércoles, 11 de febrero de 2015: Como suele ocurrir en todo día negro, siempre existe un instante en el que un rayo de luz se filtra entre tanto nubarrón. En este caso, ese rayo de luz viene impuesto por la imputación de 16 guardias civiles por las muertes del Tarajal.

Aunque para estos agentes la felicidad sea un eufemismo, al igual que lo es para el Ministro del Interior que pregona a diestro y siniestro su inocencia, para las víctimas, sus familiares y para todos aquellos que llevamos denunciando desde hace un año la relación causa-efecto entre el comportamiento de la Guardia Civil y la muerte de estos inmigrantes, resulta un halo de esperanza que parte del sistema quizás funcione dentro de su disfuncionalidad generalizada.

Parece (no lo sabemos todavía) que la Justicia a veces funciona. Hay que tener esperanza en este miércoles, 11 de febrero de 2015, día negro para las migraciones y los Derechos Humanos y agarraros a ese rayo de luz. Es lo único que tenemos, no nos queda otra.

Y todo ello, a pesar de que se repita ese mantra del refranero español que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.

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Muertes en el Tarajal: un año de impunidad.

Mañana viernes se cumple un año de la muerte de quince seres humanos en las costas del Tarajal, Ceuta, ante las acciones y omisiones por parte de la Guardia Civil como desencadenantes de dicha tragedia.

Un año; 12 meses; 365 días; 8.760 horas; 525.600 minutos; 31.536.000 segundos. Da igual cómo se exprese este tiempo, el calificativo es el mismo: todo un año de mísera impunidad. A pesar del transcurso de todo este tiempo, a día de hoy, todavía no existe responsabilidad alguna delimitada, ni sujetos responsables de lo ocurrido ese día. Pero, ¿qué tipo de responsabilidad cabría apreciar?

Podríamos referirnos a responsabilidad penal, la cual existe serias dudas de que pueda llegar, y sobre todo sobre quiénes pueda llegar: ¿agentes de la Guardia Civil? ¿Director? ¿Ministro del Interior? ¿Dónde están estos presuntos responsables penales después de un año de investigación y de espera? ¿Se conocen ya? ¿Han sido debidamente identificados? ¿Tienen cara, nombre, apellidos,…? Me temo que no. Ni los hay, ni los habrá.

Podría hablarse también de responsabilidad disciplinariasobre estos mismos (ausentes) sujetos penalmente responsables. Debe imaginarse que además de por (presunto) delito, tendrán que responder por las infracciones disciplinarias derivadas de sus cargos, especialmente las relativas al “absoluto respeto a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico” y la de “prevenir la comisión de actos delictivos”. (Ley Orgánica 2/1986).

Y como no, también hay que tener presente la pura responsabilidad política, que es aquella que si bien no viene impuesta ni respaldad por una norma jurídica, sí se deriva en cambio, de las simples consecuencias de haber actuado de manera incorrecta (hablamos aquí de actuaciones delictivas), de responder con el propio cargo cuando no lo exigen las normas, sino las reglas más esenciales de decencia y honestidad política.

Pues bien, a un año vista de un acciones sin precedentes en el fenómeno de las migraciones, y que en otro ámbito diferente ya hubiera tenido asegurados, posiblemente no responsables penales o responsables disciplinarios, pero si al menos, responsables políticos, nos encontramos ante un panorama de incógnitas en las que ni siquiera existe la más mínima señal de que haya habido responsabilidad moral por la muerte de quince seres humanos por actuaciones y omisiones fraudulentas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. No existe cargo de conciencia. No existe la entonación de un mea culpa que cuestione, al menos, la forma de actuar o la omisión del deber de socorro de ese frio amanecer del 6 de febrero de 2014. No existe remordimiento moral por haber usado material antidisturbios contra personas indefensas o haber disparado con pelotas de goma a moribundos que luchaban entre la vida y la muerte ante la disyuntiva de esquivar estos proyectiles o seguir nadando para no ahogarse. No existe la vergüenza de ese paso al frente que debe dar un hombre que realmente es un verdadero hombre que diga: yo mate a un ser humano, permití que lo matase o simplemente no impedí que muriera ahogado. No existe el Derecho a la Justicia de los olvidados, de los sin-nombres, de sus familiares.

Desgraciadamente, y tras un año de la tragedia en la playa del Tarajal, no existe el Derecho, no existe la Justicia, ni peor aún, no existe la dignidad humana.