‘Alis’ al otro lado de la frontera.

La situación, que resulta sorprendente para el resto de los mortales, ha sido asumida, sin embargo, como “normal” por el Ministerio del Interior. Sorprende, sí. Viendo los acontecimientos de los últimos meses en las ciudades de Ceuta y Melilla, sorprende aún más que el hecho de que los ‘Alis’ campen a sus anchas en territorio soberano no produzca desconcierto ninguno para el gobierno español.

Esta semana sorprendían unas imágenes facilitadas por la ONG Prodein mediante la cual se denunciaba la presencia de la policía marroquí dentro del perímetro fronterizo español, y por tanto dentro de España, con el fin de llevar a cabo expulsiones en caliente.

La situación, que resulta sorprendente para el resto de los mortales, ha sido asumida, sin embargo, como “normal” por el Ministerio del Interior. Sorprende, sí. Viendo los acontecimientos de los últimos meses en las ciudades de Ceuta y Melilla, sorprende aún más que el hecho de que los ‘Alis’ campen a sus anchas en territorio soberano no produzca desconcierto ninguno para el gobierno español.

Sin embargo, ante tanta sorpresa, o ausencia de ella, lo cierto es que no asombra mucho la reacción de las autoridades españolas si se tienen en cuenta las explicaciones inverosímiles o fantasiosas que se dieron en la Comisión de investigación por las muertes de 5 inmigrantes el pasado 6 de febrero, cuando defendían la teoría de que las fronteras pueden ser concebidas de una manera flexible y elástica cuando a los “intereses nacionales” les resulta rentable. Para qué se va a respetar el Derecho Internacional si podemos permitirnos mover nuestras fronteras para expulsar ilegalmente a inmigrantes, permitir que mueran ahogados o vulnerar Derechos Humanos. Lo importante es que al final, lo increíble resulte creíble en bocas de políticos de escasa conciencia.

Todas estas afirmaciones, a base de repetirse una y otra vez, se instauran en el subconsciente de la sociedad, que termina por no cuestionarse, no solo la inmoralidad de este tipo de actos, sino su ilegalidad manifiesta. Las cuestiones políticas, y con ellas sus planteamientos, terminan estando por encima de la norma jurídica y de la sensatez humana.

Esta situación se asemeja bastante al concepto de ‘superposición de ámbitos’ defendida por EMILIO MIKUNDA FRANCO, según la cual importa poco lo que pueda decir el Derecho, si existen intereses políticos que se encuentran en contraposición con ellos: siempre se le otorgará preferencia al interés político de turno que al cumplimiento de lo que establece la norma jurídica, independientemente de que ello conlleve una violación flagrante del Derecho.

Fíjense si esta superposición de ámbitos está tan arraigada en la inmoralidad política, y no me encuentro tan desencaminado en mis reflexiones, que las fronteras flexibles en Ceuta y Melilla, con entradas consentidas y asumidas de los ‘Alis’ en territorio español (¿dónde quedan ya las grescas por el Islote Perejil…?), se tornan en cotos cerrados en aguas limítrofes con Gibraltar, donde cualquier invasión de las autoridades gibraltareñas se interpretan como una provocación descarada y vulneradora de las normas más elementales del Derecho Internacional.

¿O acaso me equivoco…?

Todas estas afirmaciones, a base de repetirse una y otra vez, se instauran en el subconsciente de la sociedad, que termina por no cuestionarse, no solo la inmoralidad de este tipo de actos, sino su ilegalidad manifiesta. Las cuestiones políticas, y con ellas sus planteamientos, terminan estando por encima de la norma jurídica y de la sensatez humana.

Esta situación se asemeja bastante al concepto de ‘superposición de ámbitos’ defendida por EMILIO MIKUNDA FRANCO, según la cual importa poco lo que pueda decir el Derecho, si existen intereses políticos que se encuentran en contraposición con ellos: siempre se le otorgará preferencia al interés político de turno que al cumplimiento de lo que establece la norma jurídica, independientemente de que ello conlleve una violación flagrante del Derecho.

Fíjense si esta superposición de ámbitos está tan arraigada en la inmoralidad política, y no me encuentro tan desencaminado en mis reflexiones, que las fronteras flexibles en Ceuta y Melilla, con entradas consentidas y asumidas de los ‘Alis’ en territorio español (¿dónde quedan ya las grescas por el Islote Perejil…?), se tornan en cotos cerrados en aguas limítrofes con Gibraltar, donde cualquier invasión de las autoridades gibraltareñas se interpretan como una provocación descarada y vulneradora de las normas más elementales del Derecho Internacional.

¿O acaso me equivoco…?