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Autorización de Regreso: nociones básicas.

La Autorización de Regreso es un documento indispensable para poder salir y entrar de España en determinadas circunstancias, siempre y cuando el extranjero sea residente legal pero no tenga su Tarjeta de Identificación de Extranjeros expedida o en vigor.

La regulación de la Autorización de Regreso se encuentra en el Artículo 25 de la Ley de Extranjería y también en el Artículo 5 del  Reglamento de Extranjería.

Los aspectos más importantes de la Autorización de Regreso son los siguientes:

1º.- SUPUESTOS PARA OBTENER LA AUTORIZACIÓN DE REGRESO.

Existen tres supuestos por los cuales un extranjero puede solicitar la Autorización de Regreso:

a) Cuando el extranjero se encuentre en trámites de renovación de su Autorización de Residencia o Estancia por Estudios y tenga caducada dicha Autorización.

b) Cuando el extranjero haya denunciado el robo, extravío, destrucción o inutilización de su Tarjeta de Identificación de Extranjeros, previa solicitud de duplicado de la misma.

c) Cuando el extranjero tenga concedida una Autorización de Residencia o Estancia por Estudios Inicial, pero acredite que existe una situación de necesidad o razones excepcionales que justifiquen la salida urgente de España.

En este caso, el trámite tendrá carácter preferente.

2º.- TIEMPO DE DURACIÓN.

En todo caso, el tiempo máximo de duración de la Autorización de Regreso será de 90 días. Por ello, las salidas y entradas de España deberán realizarse durante este periodo, y en todo caso, durante la vigencia de la Autorización de Regreso.

Podrán realizarse tantas salidas como se deseen durante la vigencia de la misma.

3º.- LEGITIMADO PARA LA PRESENTACIÓN.

Según reconoce expresamente la Instrucción DGI/SGRJ/07/2006, sobre la legitimación y representación para la presentación de solicitudes de Autorización de Regreso y para la entrega de dichas autorizaciones, podrá solicitarse la Autorización de Regreso de las siguientes maneras:

a) Autorización de Residencia o Estancia por Estudios en trámites de renovación: Personalmente o por medio de representación.

b) Autorización de Residencia o Estancia por Estudios Inicial: únicamente por el extranjero en persona.

4º.- DOCUMENTACIÓN NECESARIA.

Para la tramitación de la Autorización de Regreso será necesario aportar la siguiente documentación:

a) Impreso de solicitud (EX-13).

b) Copia del pasaporte completo en vigor del extranjero. En su caso, cédula de inscripción y título de viaje en vigor.

c) Copia de la solicitud de renovación de la Autorización de Residencia o de prórroga de la Autorización de Estancia por Estudios.

d) En caso de ser titular de una Autorización de Residencia o Estancia por Estudios Inicial, deberá aportarse la documentación acreditativa de la existencia de la situación de necesidad o las circunstancias excepcionales alegadas.

5º.- TEMPORADA DE VERANO.

En algunas ocasiones, y debido a la gran afluencia de salidas y entradas de España en algunos periodos del año, como por ejemplo los meses de verano, la Administración viene habilitando la salida y entrada del territorio nacional sin la necesidad de obtener la Autorización de Regreso.

Aunque la situación puede variar según el momento, en los últimos años los requisitos exigidos durante estos periodos de exención de Autorización de Regreso suelen ser los siguientes:

a) Que la salida de España se realice por un puesto fronterizo terrestre (Ceuta y Melilla) o Marítimo (p. ej., Puerto de Algeciras). Nunca por un puesto fronterizo aéreo (p. ej., Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas)  

b) Que el extranjero presente su Pasaporte en vigor y la Autorización de Residencia o Estancia por Estudios caducada.

c) Que el extranjero presente igualmente la solicitud de renovación de su Autorización.

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Derechos Humanos Opinión

Negro: por tanto, extranjero.

Los controles selectivos realizados por la policía en busca y captura de inmigrantes en situación irregular no son algo nuevo. Tampoco son nuevas las acusaciones de cupos de inmigrantes que deben cubrir los agentes de la autoridad por orden de las altas esferas. Mucho menos resultan novedosas las redadas de tintes racistas cometidas por estos mismos policías en el ejercicio de sus funciones.

Lo que sí es nuevo, al menos en los últimos 22 años, en que se haya interpuesto una denuncia por comportamiento racista ante el Ministerio del Interior por ser requerido en plena calle para ser identificado simplemente por ser negro. Y es eso, precisamente, lo que sorprende: que sea inusual la denuncia de este tipo de actos racistas.

Con el paso del tiempo, nos hemos acostumbrado a ver en la calle, en las entradas de metro, estaciones de autobús o tren, en las plaza del barrio, e incluso en la televisión, cómo los controles de la policía a personas inmigrantes (o no), se realiza sin seguir criterios razonables y objetivos, ausentes de cualquier tipo de matiz o condicionante subjetivos. Los inmigrantes, por un axioma que parece irrefutable, son negros, o moros, o de ojos rasgados, llevan velo, o tienen cara de indios.

Así de sencillo se reduce el estereotipo del extranjero que pisa nuestras calles para gran parte de los policías que en este país realizan los controles rutinarios de documentación. No se suele parar a un hombre blanco, trajeado y de zapatos lustrosos. No, eso no suele ocurrir. Pues bien, este tipo de actitudes, no solo son estereotipos creados sobre personas extranjeras (o no), sino que además resultan ser claramente racista y xenófobas.

Hay que recordar que la Ley de Extranjería dispone en el Artículo 23.1 que “A los efectos de esta Ley, representa discriminación todo acto que, directa o indirectamente, conlleve una distinción, exclusión, restricción o preferencia contra un extranjero basada en la raza, el color, la ascendencia o el origen nacional o étnico, las convicciones y prácticas religiosas, y que tenga como fin o efecto destruir o limitar el reconocimiento o el ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y de las libertades fundamentales en el campo político, económico, social o cultural”.

Teniendo en cuenta el contenido de este precepto, sorprende nuevamente que en pleno siglo XXI, y siendo España un país receptor de un alto volumen de inmigración desde hace dos décadas, no se hayan superado estos estereotipos y encasillamiento que recaen en relación a la raza, color, vestimenta o concepción religiosa de las personas.

Una de las cosas más importantes que la inmigración aporta a cualquier sociedad es la mezcla de culturas, razas, religiones, valores, formas de entender el mundo… Precisamente, esta mezcla es lo que debería hacer ver de una (puñetera) vez a la sociedad en general, y a la policía en particular, que ya no resulta extraño ver en nuestros parques jugando a niños españoles con la piel tan negra como el carbón, color caramelo o blancos como la leche. Que existen ciudadanas españolas que llevan velo, no comen cerdo y acuden a rezar a las mezquitas. O ciudadanos españoles que, por muy rasgados que tengas sus ojos, son tan españoles como yo, que nací hace ya unos años en la ciudad de Sevilla.

Da igual de donde venga la mezcla: extranjeros nacionalizados, hijos de matrimonios mixtos, menores nacidos en España de padres extranjeros, o inmigrantes que residen aquí desde hace años. No importa. Lo importante, y lo que no resulta de recibo a estas alturas, es que no logremos concebir, ni al “presunto” extranjero como a un ciudadano español; ni a auténticos ciudadanos españoles de piel negra bajo clichés o estereotipos que no son los castizos, los “nuestros”.

De no ser así, la mayoría de los policías de este país seguirán de forma sistemática parando por el color de su piel, por la forma de los ojos, o por su vestimenta a ciudadanos españoles con la convicción absoluta de que están ante extranjeros. O no…

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Devolución Opinión

‘Alis’ al otro lado de la frontera.

La situación, que resulta sorprendente para el resto de los mortales, ha sido asumida, sin embargo, como “normal” por el Ministerio del Interior. Sorprende, sí. Viendo los acontecimientos de los últimos meses en las ciudades de Ceuta y Melilla, sorprende aún más que el hecho de que los ‘Alis’ campen a sus anchas en territorio soberano no produzca desconcierto ninguno para el gobierno español.

Esta semana sorprendían unas imágenes facilitadas por la ONG Prodein mediante la cual se denunciaba la presencia de la policía marroquí dentro del perímetro fronterizo español, y por tanto dentro de España, con el fin de llevar a cabo expulsiones en caliente.

La situación, que resulta sorprendente para el resto de los mortales, ha sido asumida, sin embargo, como “normal” por el Ministerio del Interior. Sorprende, sí. Viendo los acontecimientos de los últimos meses en las ciudades de Ceuta y Melilla, sorprende aún más que el hecho de que los ‘Alis’ campen a sus anchas en territorio soberano no produzca desconcierto ninguno para el gobierno español.

Sin embargo, ante tanta sorpresa, o ausencia de ella, lo cierto es que no asombra mucho la reacción de las autoridades españolas si se tienen en cuenta las explicaciones inverosímiles o fantasiosas que se dieron en la Comisión de investigación por las muertes de 5 inmigrantes el pasado 6 de febrero, cuando defendían la teoría de que las fronteras pueden ser concebidas de una manera flexible y elástica cuando a los “intereses nacionales” les resulta rentable. Para qué se va a respetar el Derecho Internacional si podemos permitirnos mover nuestras fronteras para expulsar ilegalmente a inmigrantes, permitir que mueran ahogados o vulnerar Derechos Humanos. Lo importante es que al final, lo increíble resulte creíble en bocas de políticos de escasa conciencia.

Todas estas afirmaciones, a base de repetirse una y otra vez, se instauran en el subconsciente de la sociedad, que termina por no cuestionarse, no solo la inmoralidad de este tipo de actos, sino su ilegalidad manifiesta. Las cuestiones políticas, y con ellas sus planteamientos, terminan estando por encima de la norma jurídica y de la sensatez humana.

Esta situación se asemeja bastante al concepto de ‘superposición de ámbitos’ defendida por EMILIO MIKUNDA FRANCO, según la cual importa poco lo que pueda decir el Derecho, si existen intereses políticos que se encuentran en contraposición con ellos: siempre se le otorgará preferencia al interés político de turno que al cumplimiento de lo que establece la norma jurídica, independientemente de que ello conlleve una violación flagrante del Derecho.

Fíjense si esta superposición de ámbitos está tan arraigada en la inmoralidad política, y no me encuentro tan desencaminado en mis reflexiones, que las fronteras flexibles en Ceuta y Melilla, con entradas consentidas y asumidas de los ‘Alis’ en territorio español (¿dónde quedan ya las grescas por el Islote Perejil…?), se tornan en cotos cerrados en aguas limítrofes con Gibraltar, donde cualquier invasión de las autoridades gibraltareñas se interpretan como una provocación descarada y vulneradora de las normas más elementales del Derecho Internacional.

¿O acaso me equivoco…?

Todas estas afirmaciones, a base de repetirse una y otra vez, se instauran en el subconsciente de la sociedad, que termina por no cuestionarse, no solo la inmoralidad de este tipo de actos, sino su ilegalidad manifiesta. Las cuestiones políticas, y con ellas sus planteamientos, terminan estando por encima de la norma jurídica y de la sensatez humana.

Esta situación se asemeja bastante al concepto de ‘superposición de ámbitos’ defendida por EMILIO MIKUNDA FRANCO, según la cual importa poco lo que pueda decir el Derecho, si existen intereses políticos que se encuentran en contraposición con ellos: siempre se le otorgará preferencia al interés político de turno que al cumplimiento de lo que establece la norma jurídica, independientemente de que ello conlleve una violación flagrante del Derecho.

Fíjense si esta superposición de ámbitos está tan arraigada en la inmoralidad política, y no me encuentro tan desencaminado en mis reflexiones, que las fronteras flexibles en Ceuta y Melilla, con entradas consentidas y asumidas de los ‘Alis’ en territorio español (¿dónde quedan ya las grescas por el Islote Perejil…?), se tornan en cotos cerrados en aguas limítrofes con Gibraltar, donde cualquier invasión de las autoridades gibraltareñas se interpretan como una provocación descarada y vulneradora de las normas más elementales del Derecho Internacional.

¿O acaso me equivoco…?